La capilla de la Colonia Segarra

En la Colonia Segarra de la Vall d’Uixó, la capilla ocupó desde sus orígenes un lugar central. Se construyó en 1945, en el mismo periodo en que empezaron a habitarse las viviendas destinadas a los trabajadores de la empresa. Su emplazamiento, junto a las escuelas y el centro social, permite entenderla como parte de un proyecto más amplio: crear un barrio donde las familias pudieran vivir cerca de la fábrica y disponer de servicios propios.

La construcción de la colonia había comenzado en 1943, en terrenos situados al norte de las fábricas. Las casas se ordenaron alrededor de una zona común prevista para la iglesia, las escuelas y los espacios de recreo. La planificación seguía la idea de ciudad jardín aplicada a algunos asentamientos obreros: viviendas sencillas y separadas entre sí, calles y edificios comunitarios reunidos en un conjunto reconocible. En la posguerra, este modelo también vinculaba estrechamente la vida cotidiana de las familias con la empresa.

En ese centro se levantó una escalinata que daba un carácter monumental al acceso a la capilla. El templo quedó bajo la advocación de la Virgen de los Desamparados, San Silvestre y Santa Teresa. Las dos últimas advocaciones, según el relato conservado sobre la colonia, aludían respectivamente al patrón del propietario de la empresa y a la patrona de su esposa. La presencia de la Virgen, cuya imagen se conserva en el interior, ha sido asimismo un elemento distintivo de la capilla.

La fachada refleja también el paso del tiempo. En ella hubo un escudo franquista, posteriormente sustituido por un tapiz de la Virgen. Este cambio recuerda que el edificio nació en un contexto histórico concreto, pero su historia no quedó detenida en los años cuarenta. Como lugar de culto y punto de referencia del barrio, ha acompañado las transformaciones de la colonia y de quienes han vivido en ella.

Las primeras familias llegaron a unas casas de una sola planta, con cubierta a dos aguas, cocina y baño completo. Para acceder a una vivienda era necesario trabajar en la empresa y cumplir determinadas condiciones familiares y económicas; las casas se ocupaban en régimen de alquiler. En ese entorno, la capilla formaba parte de la vida compartida, junto a la escuela y los espacios de encuentro. Su historia ayuda a comprender tanto la organización de la antigua colonia industrial como la memoria religiosa y vecinal que aún conserva la Colonia Segarra.